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David Lloyd/es: Difference between revisions

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Sin embargo, el ojo de Dios llamaba. La percepción de Dios continuó llamándome. Y supe que era una cuestión de destino divino e infinito el que un día recibiera el regalo de la ascensión. Sin embargo, cuando llegó el momento, no lo supe, y apenas lo supe mientras ocurría. Pero fue tan maravilloso, cuando empecé a sentir esa alegría optimista, esa caricia del Infinito sobre mi ser finito, que lo disolvió por completo. Y en su lugar, casi como el mar, arrojó la hermosa, compasiva experiencia de moldearme según la forma cósmica en la infinitud del pensamiento de Dios.
Sin embargo, el ojo de Dios llamaba. La percepción de Dios continuó llamándome. Y supe que era una cuestión de destino divino e infinito el que un día recibiera el regalo de la ascensión. Sin embargo, cuando llegó el momento, no lo supe, y apenas lo supe mientras ocurría. Pero fue tan maravilloso, cuando empecé a sentir esa alegría optimista, esa caricia del Infinito sobre mi ser finito, que lo disolvió por completo. Y en su lugar, casi como el mar, arrojó la hermosa, compasiva experiencia de moldearme según la forma cósmica en la infinitud del pensamiento de Dios.


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El cuerpo perfecto apareció. La mente perfecta apareció. El alma perfecta gobernaba el mundo de mi ser. Una oleada de fortaleza infinita surgió y me elevé en el aire, hacia los brazos de una disolución parecida a lo que le había ocurrido antes al amado Jesús. Pues una nube, también de amor infinito, cósmico, me recibió, ocultándome a la vista de los hombres. Y en el lazo de la compasión cósmica expandí mi conocimiento hacia el Infinito como cadencias de hermosura, alejándome hacia un lejano y remoto futuro, que apareció ante mí entonces como una montaña de esperanza. Y entré en el gozo de Dios. Y el gozo de Dios llenó mi alma, y la oscuridad se desvaneció por completo.
<blockquote>El cuerpo perfecto apareció. La mente perfecta apareció. El alma perfecta gobernaba el mundo de mi ser. Una oleada de fortaleza infinita surgió y me elevé en el aire, hacia los brazos de una disolución parecida a lo que le había ocurrido antes al amado Jesús. Pues una nube, también de amor infinito, cósmico, me recibió, ocultándome a la vista de los hombres. Y en el lazo de la compasión cósmica expandí mi conocimiento hacia el Infinito como cadencias de hermosura, alejándome hacia un lejano y remoto futuro, que apareció ante mí entonces como una montaña de esperanza. Y entré en el gozo de Dios. Y el gozo de Dios llenó mi alma, y la oscuridad se desvaneció por completo.</blockquote>
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