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Padre Pio/es: Difference between revisions

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Al Padre Pío se le reconoce el don de «leer los corazones»; es decir, la capacidad de ver lo que hay en el alma de los demás y conocer sus pecados sin oír una sola palabra del penitente. A medida que creció su reputación, también lo hicieron las filas hacia su confesionario, hasta el punto de que por algún tiempo sus compañeros capuchinos expedían boletos por el privilegio de confesarse con el Padre Pío. Algunas veces, cuando un pecador no podía acudir a él, el Padre Pío acudía al pecador, se cuenta, aunque no de la manera normal.
Al Padre Pío se le reconoce el don de «leer los corazones»; es decir, la capacidad de ver lo que hay en el alma de los demás y conocer sus pecados sin oír una sola palabra del penitente. A medida que creció su reputación, también lo hicieron las filas hacia su confesionario, hasta el punto de que por algún tiempo sus compañeros capuchinos expedían boletos por el privilegio de confesarse con el Padre Pío. Algunas veces, cuando un pecador no podía acudir a él, el Padre Pío acudía al pecador, se cuenta, aunque no de la manera normal.


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Sin salir de su habitación, el fraile aparecía hasta en Roma para escuchar una confesión o consolar a los enfermos. Es decir, estaba dotado del poder de «bilocación», o la capacidad de estar presente en dos sitios al mismo tiempo<ref>Kenneth L. Woodward, ''Making Saints: How the Catholic Church Determines Who Becomes a Saint, Who Doesn’t, and Why (Haciendo santos: cómo determina la Iglesia Católica quién se convierte en santo, quién no lo hace y por qué)'' (New York: Simon & Schuster, 1996), págs. 156-57.</ref>.
<blockquote>Sin salir de su habitación, el fraile aparecía hasta en Roma para escuchar una confesión o consolar a los enfermos. Es decir, estaba dotado del poder de «bilocación», o la capacidad de estar presente en dos sitios al mismo tiempo<ref>Kenneth L. Woodward, ''Making Saints: How the Catholic Church Determines Who Becomes a Saint, Who Doesn’t, and Why (Haciendo santos: cómo determina la Iglesia Católica quién se convierte en santo, quién no lo hace y por qué)'' (New York: Simon & Schuster, 1996), págs. 156-57.</ref>.</blockquote>
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Algunas veces el Padre Pío trataba a los que acudían a confesarse con severidad. Uno de sus devotos escribió:  
Algunas veces el Padre Pío trataba a los que acudían a confesarse con severidad. Uno de sus devotos escribió: