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Daniel and Nada Rayborn/es: Difference between revisions

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… El último pensamiento que pasó por mi mente al elevarme hacia la gran luz para ser absorbido fue, «¡oh, si tan sólo pudiera contárselo!»… Y después me di cuenta, al reflexionar, de que ese pensamiento ha llenado la mente y la conciencia de todos los que han ascendido. Porque todos han sentido «¡oh, si tan sólo pudiera contárselo!».
… El último pensamiento que pasó por mi mente al elevarme hacia la gran luz para ser absorbido fue, «¡oh, si tan sólo pudiera contárselo!»… Y después me di cuenta, al reflexionar, de que ese pensamiento ha llenado la mente y la conciencia de todos los que han ascendido. Porque todos han sentido «¡oh, si tan sólo pudiera contárselo!».


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Este es el deseo que nosotros, las huestes ascendidas, tenemos; tratar de llegar a la conciencia humana, con toda su densidad, sus casi sofocantes condiciones externas, y decir: «Oh, invierte todo eso que tienes en la búsqueda de tu divinidad para que puedas recibir la bendición de la ascensión al final de esta vida».
<blockquote>Este es el deseo que nosotros, las huestes ascendidas, tenemos; tratar de llegar a la conciencia humana, con toda su densidad, sus casi sofocantes condiciones externas, y decir: «Oh, invierte todo eso que tienes en la búsqueda de tu divinidad para que puedas recibir la bendición de la ascensión al final de esta vida».</blockquote>
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Daniel Rayborn terminó ese dictado con un regalo especial. Pidió que se colocara ante el altar una silla dorada y se dijera:
Daniel Rayborn terminó ese dictado con un regalo especial. Pidió que se colocara ante el altar una silla dorada y se dijera: