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== La llama de la resurrección == | == La llama de la resurrección == | ||
Uriel también es el ángel de la [[Special:MyLanguage/resurrection flame|llama de la resurrección]]. Esta llama es de color madreperla y trae consigo la renovación, el renacer y el rejuvenecimiento para que, como el ave [[Special:MyLanguage/phoenix|fénix]], usted pueda levantarse de las cenizas de su yo anterior. El Arcángel Uriel nos enseña a utilizar la llama de la resurrección para conquistar el miedo y lograr la verdadera maestría Divina. "Cuando la cuestión es tratar de conquistar el miedo", dice, "se trata sencillamente del arte de dejar que Dios realice su obra perfecta y de que vosotros os desprendáis".<ref>Arcángel Uriel, "El selle de este ciclo de la resurrección del Señor", 15 de abril de 1979.</ref> | |||
Uriel también es el ángel de la [[Special:MyLanguage/resurrection flame|llama de la resurrección]]. Esta llama es de color madreperla y trae consigo la renovación, el renacer y el rejuvenecimiento para que, como el ave fénix, usted pueda levantarse de las cenizas de su yo anterior. El Arcángel Uriel nos enseña a utilizar la llama de la resurrección para conquistar el miedo y lograr la verdadera maestría Divina. "Cuando la cuestión es tratar de conquistar el miedo", dice, "se trata sencillamente del arte de dejar que Dios realice su obra perfecta y de que vosotros os desprendáis".<ref>Arcángel Uriel, "El selle de este ciclo de la resurrección del Señor", 15 de abril de 1979.</ref | |||
El Arcángel Uriel nos da un ejercicio para que nos desprendamos del miedo. Hay que poner las manos, una sobre la otra, sobre el corazón; luego suéltelas, ábralas y relajadas, extiéndalas hacia fuera. Sin cruzar las piernas, respire suavemente. Luego pronuncie las siguientes palabras con ternura hacia su alma y su cuerpo, tres veces: "¡Paz, aquiétate!" Las manos puestas en frente, ahuecadas, reflejan la serenidad del niño en usted, a salvo en los brazos de la madre. | El Arcángel Uriel nos da un ejercicio para que nos desprendamos del miedo. Hay que poner las manos, una sobre la otra, sobre el corazón; luego suéltelas, ábralas y relajadas, extiéndalas hacia fuera. Sin cruzar las piernas, respire suavemente. Luego pronuncie las siguientes palabras con ternura hacia su alma y su cuerpo, tres veces: "¡Paz, aquiétate!" Las manos puestas en frente, ahuecadas, reflejan la serenidad del niño en usted, a salvo en los brazos de la madre. | ||